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Escribir sobre diseño ¿es diseñar?

Diseñador invitado: Javier Díez, los díez.


 

Sí.


Me permito tan rotunda afirmación por varios motivos.


En primer lugar, porque este artículo es de opinión y por ello se revela como totalmente subjetivo y no obligado a proporcionar datos contrastados e irrefutables; por tanto, quien busque información precisa que pierda toda esperanza, y mejor hará en desistir de su lectura en este punto.


Además, porque siguiendo la tesis de la mejor definición que he escuchado en mi vida sobre lo que es diseño —proclamada por la mente del factótum del diseño español, Juli Capella—, según la cual «diseñar es pensar antes de hacer», y siendo condición necesaria la de pensar, meditar o reflexionar tanto sobre lo que se va a escribir como sobre lo que se va a diseñar, se equipararían ambas acciones, máxime cuando el objeto de dicha escritura fuese el propio diseño.


Por otra parte, porque recurriendo al filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein, quien afirmó que «podemos decir que pensar es esencialmente la actividad de operar con signos», tanto la escritura como el diseño no dejarían de ser sino la plasmación —mediante caracteres, palabras y textos en un caso y de conformaciones formales bi o tridimensionales, materiales o inmateriales en el otro— de conceptos, ideas y pensamientos en un proceso que, según la teoría platónica, significaría la fusión del cosmos noetós o mundo ideal e inteligible y cosmos oratós o mundo material y sensible.


Y por último, porque estaremos de acuerdo en que ambas actividades, la de escribir y la de diseñar, poseen como nexo común unos antecedentes instrumentales que podemos concretar en las anotaciones y borradores previos a la redacción definitiva de un escrito, ya sea este de carácter ensayístico o ficcional, poético o dramático, y en los croquis y bocetos que bosquejan las primeras fases en la creación de cualquier objeto o producto diseñado, ya sea un elemento gráfico, un producto industrial o de mobiliario, un elemento de indumentaria, o —ampliando y actualizando el campo de acción de una actividad tan transversal e indefinida en sus límites que muy bien Zygmunt Bauman podría haberla designada como la ‘actividad líquida’ por antonomasia— páginas web, videojuegos, estrategias, realidades aumentadas y un largo etcétera.


¡OH! DE IDEAS, 2010, Colección particular, los díez
¡OH! DE IDEAS, 2010. Colección particular. ©los díez

Un ejemplo de la confluencia de ambas herramientas programáticas podríamos encontrarla en la metodología del llamado design thinking, en el que el desarrollo proyectual del elemento a diseñar se asienta en sus primeras etapas en la confección de esquemas y diagramas en los que interactúan —aunque sea de una manera bastante reduccionista y simple— tanto elementos del lenguaje escrito (conceptos y pequeñas frases) como elementos visuales (circuitos, flechas o iconos).



 

Habiendo establecido, por tanto, —aunque sea de una forma particular, subjetiva y personal— el paralelismo entre el acto de la escritura y el acto proyectual del diseño, teniendo en cuenta el ámbito de percepción e influencia en el que este blog se posiciona y atendiendo al perfil de sus potenciales receptores, hay algunas cuestiones que deberíamos plantearnos, por ejemplo si los diseñadores y diseñadoras debemos escribir sobre diseño.


Sobre esta cuestión y olvidándome ya de respuestas tajantes, la contestación es que sí —obviamente estoy pensando en aquellos que tengan algo que decir y sepan

hacerlo—; para ello me remito a la opinión expresada por Paola Antonelli, quien fuera comisaria jefe del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA de Nueva York en el documental Objectified (2009), según la cual auguraba para los diseñadores del siglo XXI un papel similar al que por ejemplo habían tenido los filósofos franceses en su país durante la segunda mitad del pasado siglo, esto es, la de ‘opinadores’ sobre cualquier tema ligado a la actualidad, estuviese o no relacionado con su propia actividad profesional.


ALQUIMIA DE IDEAS (2021) / COLECCIÓN COSENTINO / ©LOS DÍEZ
ALQUIMIA DE IDEAS, 2021. Colección Cosentino. ©los díez

Como ya expuse en mi artículo ¡PRODUCE IDEAS! ¡CONSUME IDEAS!, creo que los diseñadores, sea cual sea nuestra especialidad y campo de actividad, podríamos empezar a colonizar actividades y campos expandidos de actuación que hasta ahora han sido escasamente contemplados en nuestro quehacer profesional cotidiano —al menos en nuestro país— como son los de ensayista, articulista, comisario de exposiciones, prologuista, memorialista, asesor de colecciones, columnista, tertuliano, etc., ya sea en relación con temas que profesionalmente nos son propios o, como apuntaba Antonelli, en cualquier ámbito o esfera pública donde, por ejemplo, la tríada técnica/humanismo/arte tuviese cabida o confluyese.


Es significativo comprobar como, frente a áreas colindantes a las del diseño —por mucho que haya quien las quiera hacer coincidir—  como son las del arte por un lado y la de la arquitectura por otro, donde hayamos de forma generalizada numerosos ejemplos de profesionales que en paralelo a su actividad profesional y creativa, son capaces de verter en artículos, ensayos y publicaciones su opinión, pensamiento y reflexiones sobre su trabajo o su profesión, encontramos como dentro del campo del diseño —a pesar de la amplitud, diversidad y transversalidad de su campo de acción— son escasos los ejemplos de quienes habitualmente escriben, por ejemplo, artículos periodísticos o publican libros sobre diseño.


Tal vez la explicación a esta escasez de pensamiento y reflexión en el ámbito del diseño pueda encontrarse en la respuesta a una pregunta: ¿estamos los diseñadores y diseñadoras preparados para escribir sobre nuestra profesión —o tal vez deberíamos hablar de profesiones—,  sobre los frutos de la misma o sobre cómo estos afectan a la sociedad y al mundo que habitamos?


En este caso —e intentando no generalizar ni ser contundente— la respuesta es que no.


Y esto es así  —creo— porque en el ámbito pedagógico del diseño son escasas, por no decir nulas, las asignaturas en las que se induzca y estimule al estudiante a adquirir conocimientos y habilidades en el ámbito humanístico del pensamiento, la escritura o la oratoria, desestimando así campos como los de la filosofía o la literatura, haciendo prevalecer la búsqueda de referentes y respuestas o bien en el campo de la técnica, o en el peor de los casos en el mundo de la imagen, buscando la inmediatez de lo visual frente al sosiego de la palabra escrita.


Esta falta de formación y de predisposición hacia lo humanístico —sí, no creo que sea desacertado el término— explicaría la escasez de publicaciones y editoriales que aborden el tema del diseño desde la perspectiva del ensayo y de diseñadores y diseñadoras que se atrevan y se sientan motivados a hacerlo; en cuanto a estos últimos, no haré referencia a ninguno por miedo a dejarme a alguno sin citar, aunque reto a quien lea este artículo a que haga un listado de los profesionales que le vengan a la cabeza —ojo, sin la ayuda de buscador alguno— que además escriban, aunque no voy a pedir que encima lo hagan bien.


CONOCIMIENTO (2014) / COLECCIÓN GLÓRIA BORDONS / ©LOS DÍEZ
CONOCIMIENTO, 2014. Colección Glória Bordons. ©los díez

Me voy a atrever en cambio —aunque se me tilde de interesado— a citar una sola editorial; se trata de Experimenta Libros, cuya variedad de temas, amplitud de enfoques y perspectivas, y calidad de los resultados supone una especie de oasis en el páramo ‘diseñístico’ —solicito el reconocimiento de la paternidad de este término— español.


Retomando nuevamente a Wittgenstein, deberíamos recordar su famoso «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo»; tal vez —aunque simplificando la dimensión que esta frase posea en el ámbito propiamente filosófico— podamos entender que si nos acostumbramos a utilizar un lenguaje meramente visual el resultado de nuestro trabajo se quedará precisamente ahí, en lo formal, en lo externo, en la superficie de las cosas, mientras que si ampliamos los límites y complejidad de los elementos con los que nos expresamos, sabiendo conjugar imágenes y conceptos, formas e ideas, los resultados alcanzarán una amplitud y profundidad indiscutiblemente mayores.


Hoy por hoy, cuando el mayor enemigo para la actividad profesional y cultural del diseño —además del cliente que no sabe lo que quiere, salvo que sea barato— se manifiesta en la amenaza de la inteligencia artificial —con su  capacidad infinita para asimilar y metabolizar cualquier tipo de información, ya sea visual o textual, y para ofrecer de manera instantánea productos a partir de unas mínimas indicaciones—, creo, o quiero creer, que la única manera de hacerle frente es recuperando la quietud y el refugio de la palabra —en primer lugar, leída, para ser luego escrita—. Porque, como afirmaba mi querido y recordado Alberto Corazón, «la creación es siempre un acto de inteligencia y no hay creación sin conocimiento», y no nos engañemos, la adquisición de este último no admite atajos y ha de sustentarse necesariamente en la lentitud —requisito necesario para el recuerdo, como sostenía Kundera— esa condición a la que difícilmente podrá acogerse la IA en su vertiginosa actividad.


 

Javier Díez



Javier Díez, los díez.

Diseñador industrial por la Escuela Experimental de Diseño (Madrid, 1992) y componente del estudio los díez, junto a su hermano José Luis, dedicado al diseño de producto y, desde el 2010, también a la creación de poesía visual y poemas objeto.


Desde el 2020 colabora como articulista para la revista digital «El Asombrario & Co.»; en febrero del 2022 publicó un recopilatorio de sus artículos en diferentes medios titulado OBJETIVO SUBJETIVO [Cuaderno de bitácora de tiempos extraños], textos, ampliados y actualizados. En la actualidad prepara un segunda publicación sobre temas de diseño, arte y estética que se titulará «Sobre ideas y cosas» y un volumen sobre la filmografía de Billy Wilder.


 

Esperamos que hayas disfrutado de este blog. Si tienes algún comentario o sugerencia acerca de esta lectura siéntete libre para comentarnos.


Recuerda que si tienes algún proyecto de diseño en mente y no sabes como llevarlo a cabo, ¡no dudes en contactarnos para hacer realidad tu proyecto!








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1 Comment


Salvador Garcia
Salvador Garcia
Apr 25

Enhorabuena por el artículo Escribir sobre diseño ¿es diseñar? del diseñador Javier Díez. Estoy de acuerdo con Javier que desde el ámbito pedagógico del diseño se debería estimular más a adquirir conocimientos y habilidades en el ámbito humanístico del pensamiento. S.G.

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